Perdida y herida de abandono

instituto aprender a amarEl final de una relación o la pérdida de un ser querido puede ser uno de los eventos más traumáticos en la vida.  Piensa por un momento la última vez que esto te sucedió.

Tal vez alguien te dejó, o alguien cercano murió, o tal vez otra persona se fue alejando poco a poco hasta que un día te diste cuenta que el amor se había ido.

En estos momentos de la vida, no ayuda si queremos esconder o huir de nuestro dolor a través de conceptos espirituales.  Tenemos que atravesar un profundo proceso interior.

Cuando una relación termina o cuando perdemos a alguien, encaramos nuestra herida de abandono.  Esta herida es muy vieja y profunda.  La ruptura es tan solo la punta del iceberg de las emociones de enojo, pánico, dolor, traición, decepción, shock, duelo, culpa y/o inseguridad que afloran.

Es de ayuda el tener el conocimiento y la comprensión de que nuestra herida de abandono se ha abierto y que los sentimientos provocados pueden ser aterradores, perturbadores y confusos.

Muchos de nosotros entramos en relaciones, no solo relaciones de amor, con la fantasía de que la otra persona nos va a comprender, va a estar presente y nos va a nutrir de la manera que siempre hemos anhelado.  No vemos a esa persona tal y como es, debido a que estamos en la conciencia de el niño o niña herida quien anhela ser amado de un modo en que el otro se lleve nuestros miedos y soledad.

Cuando la relación termina, o incluso antes de que suceda, el comportamiento del otro que no se acoge a nuestras expectativas, ya destrozó nuestra fantasía.

O bien cuando nuestro padre o madre muere, también encaramos el tener que salir de la “fantasía” de vivir con el amor de este padre o la esperanza de obtener el amor que nunca recibimos de el o ella.

Nos podemos sentir forzados a conseguir a toda costa que la otra persona regrese (en el caso de rechazo) o a estar analizando lo que hicimos mal o lo que pudimos hacer mejor.  También nos podemos deprimir y perder la motivación en la vida.

Podemos apoyarnos en amigos, quejarnos y tratar de obtener el consuelo que necesitamos, de la forma que sea.  También podemos tratar de olvidar el dolor con alcohol, marihuana o medicamentos.

Probablemente nos demos cuenta por primera vez en la vida, de lo solos que estamos. Nos damos cuenta de cuanta vergüenza e inseguridad llevamos dentro, porque nada hace que aflore tanta vergüenza, como el rechazo y la pérdida.

Puede ser importante pedir ayuda a un profesional que sepa y comprenda acerca de la herida de abandono y nos pueda guiar a través de las etapas de recuperación. Esta persona nos puede dar un marco de referencia para comprender qué y porqué nos ha sucedido esto y nos ofrezca herramientas para recuperarnos.

Conforme trabajaba con Alberto, le ayudé a contener el pánico interno, a enseñarle a meditar suavemente con las experiencias corporales conectadas con este pánico e inquietud. Le ayudé a traer más conciencia a su niño herido quien acarreaba profundos sentimientos de no valía y remordimientos de que podía ahora, haber hecho algo diferente cuando estos se activaban.  Le enseñé a comprender y a validar sus sentimientos de pánico y soledad.

En nuestra experiencia ( profesores del Instituto Aprender a Amar), el viaje para recuperarse de la pérdida y abandono, requiere de un balance suave entre sentir y comprender.  Es importante enmarcar la experiencia de manera que sepamos qué es y porque nos está sucediendo.  También es importante ir hacia adentro y quedarse con aquellos sentimientos que afloren.

Este viaje de recuperación de la herida de abandono es una parte vital del trabajo Aprendiendo a Amar, ya que nos ayuda a convertirnos en personas maduras y a ser capaces de crear y sostener una intimidad auténtica en nuestra vida, tanto con nosotros mismos como con otros.

Hasta que esto sucede, nuestras relaciones son juegos de niños.

– Saber que el abandono de nuestra infancia se ha abierto.

– Aprender a respirar conscientemente en él, permitiendo al miedo y al dolor estar ahí.

– Reconociendo las voces de vergüenza que nos atormentan y sabiendo que es la herida de la vergüenza la que también se abre cuando tenemos un rechazo o una pérdida.

– Comprender que antes de encarar esta herida, frecuentemente creamos relaciones para evitar nuestra vergüenza y soledad.

– Sabiendo que el dolor y el miedo nos está dando una fortaleza interna profunda y que el espacio nos permitirá vivir nuestras vidas de manera mas sana.

Comprendiendo que con el tiempo, el dolor va a disminuir y que comenzaran a surgir realizaciones  o comenzarás a darte cuenta de muchas cosas.

Al final veremos que nos hemos convertido en una persona diferente y más madura.  Veremos que algo mucho mejor es posible.  Pero estas comprensiones son lo que conseguimos al tomar este camino de sanación poniendo conciencia en la herida de pérdida y abandono. A partir de este momento ya no las sentiremos cómo un concepto vacío sino como una realización interna muy profunda.

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