Muriel Villanueva - Tantra y Amor Consciente

Una no puede, quizás incluso ni deba, intentar describir un curso de Energía Sexual Femenina. Lo mejor es vivirlo, vivenciarlo, experimentarlo, y dejar que el curso la atraviese a una, dejando su huella callada, sin muchas palabras.

Hoy es miércoles y pasé el último fin de semana en un curso con Mercè, Amerai y diecinueve compañeras. Al llegar el sábado por la mañana las miraba y mi cabeza me decía que yo no tenía nada que ver con ellas, que no iba a conectar, que éramos demasiado diferentes. Solo hizo falta una ronda de breves presentaciones para darme cuenta de mi error, romper ese hielo y empezar a trabajar. El amor, la luz y la potente dulzura femenina se abrieron paso creando canales entre nosotras que hoy ya son indestructibles. Esos canales me unen hoy a ellas e incluso al resto de mujeres y al resto de los seres vivos. El lunes, por ejemplo, ya podía notar como, en el trabajo con mi alumnado en un entorno virtual, mi cariño, mi paciencia y mis ganas estaban crecidos.

Mi experiencia en el curso fue diferente a la de otras mujeres. Aunque podamos sentir que todas somos una, también somos la suma de identidades complejas y dispares que enriquecen el grupo. Por supuesto, el curso es una experiencia diferente para cada mujer. En mi caso, la diferencia más visible era mi embarazo. Me presenté describiendo mi estado y confesé cierto miedo a la pérdida tras dos abortos. Ya estoy en la semana dieciocho y lo he ido gestionando, pero quise compartir con mis compañeras al inicio del curso que el miedo aún estaba allí; un miedo natural, que no desaparece, incluso sano, pero que creía que debía menguar.

El embarazo, claro está, condicionó en parte mi actividad e implicación en el curso. Amerai y Mercè me guiaban con mucho amor y me decían hasta dónde podía llegar en cada experiencia. Tuve miedo de quedar separada del grupo o de frustrarme por no poder ir hasta el final de cada situación, frustración que había experimentado intensamente en mi primer curso de tantra, durante mi primer embarazo.

Sin embargo, esta vez no fue así. Me hace muy feliz poder compartir que fui capaz de gestionar mis emociones, no todas fáciles, y que supe disfrutar y aprovechar lo que sí podía hacer, en lugar de cegarme con lo que “me estaba perdiendo”. El amor por mi hij@ me guiaba. Cada pequeña renuncia era a la vez un acto de protección hacia la vida que llevo en mi vientre. Además, Mercè y Amerai y todas mis compañeras supieron llenar mis posibles vacíos con sus manos en mi barriga, con sus besos en mi ombligo, con sus muchas preguntas sobre cómo lo llevaba, cómo me encontraba, cómo me sentía. Y al final, todas me llenaron con sus deseos de un buen embarazo y buen parto, y me aseguraron que me había cambiado la cara. ¡En eso puedo asegurar que no era la única! Antes de irme, les aseguré que me iba mucho más embarazada de lo que había llegado hacía a penas treinta y cinco horas. El curso, además de abrir y dejar fluir mi auténtica y profunda energía sexual femenina, me conectó plenamente a mi embarazo, a mi vientre, a mi útero, a mi maternidad, y a la puerta por la que mi hij@ saldrá al mundo.

Ayer martes mi embarazo cumplía ciento veinte días. Leí en el libro Kundalini Yoga para embarazas, de Gurmukh, que el alma entra en el cuerpo del feto justo en esa fecha. Ayer martes, yo sentí por primera vez que mi hij@ se movía dentro de mí. Me hizo gracia la coincidencia en la fecha, pero sobretodo me emocionó saber que yo fui capaz de notar su danza gracias a la intensidad y la apertura que conseguí este fin de semana, rodeada de todas esas grandes mujeres cargadas de energía y de amor. Sé que mi testimonio es parcial y muy concreto, pero espero que sumado a los de mis compañeras podrá dar buena cuenta de lo que el curso de Energía Sexual Femenina puede llegar a aportar a una mujer.

¡Namasté, diosas! Muriel Villanueva (Taller Despertando la Sexualidad Femenina, 22 y 23 febrero 2014)

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