Madrid - Tantra y Amor Consciente

El primer consejo que nos ha dado Hari Dass antes de empezar el taller de ¨Compasión y éxtasis es venir “sin expectativas”. Y el Maestro Hari Dass tenía razón, es lo mejor. En todo momento nos ha guiado con amor, compasión, comprensión y la habilidad propia de un Gran Maestro. El taller es precioso, profundo y transformador; y así ha sido para todos nosotros. Sin embargo, el camino que cada uno sigue en el curso evoluciona por si sólo y se revela de forma misteriosa y hasta impredecible. Es cierto que yo tenía ciertas expectativas de una experiencia profunda, sensual y espiritual… y el curso cumplió esas expectativas. Pero yo no podía haber ni imaginado la intensidad de los sentimientos y el profundo efecto (positivo y transformador) que me ha producido a lo largo de estos 4 días (que parecía toda una vida).

Ha sido una experiencia de apertura de corazón, para amar a los demás compañeros y compañeras y para que ellos me amaran a mí. Vi la luz del amor que salía de mi reflejado en las caras y lágrimas de los demás, como una llama que crecía y crecía, iluminando todo a su alrededor. Sentí el amor, cariño y fuerza sanadora en los abrazos de mis compañeros y a través de la energía que juntos creábamos en todo momento. Poco a poco a lo largo de los días cada uno de nosotros empezamos abrir la mente, el corazón y el espíritu hacia los demás y hacia el universo. Dejamos atrás los tabús arcaicos que no nos servían ya, dejamos atrás el miedo, la inseguridad y el cierre del corazón.

En un momento dado del curso, hicimos un pequeño rito de transmitir energía amorosa hacia cada una de las otras personas del grupo, uno por uno mirando profundamente a sus ojos y transmitiendo esa energía amorosa desde dentro de mi corazón hacía ellas. La experiencia fue preciosa; empezaron a caer las lágrimas, las mías y las suyas, me temblaban las manos y sentía que yo no controlaba esta energía, sino que fue una energía de amor puro que venía desde el universo y simplemente se canalizaba en ese momento a través de mi hacia los demás. Después nos sentamos en un círculo para continuar con la sesión, pero la energía amorosa que habíamos creado seguía su propio camino y tomaba las riendas del momento. Se levantó una compañera desde el otro lado de la sala y se acercó a mí, se puso de rodillas delante de mí llorando, me abrazó en uno de los abrazos más amorosos que jamás he recibido. Al rato, mi pareja que estaba sentada al lado se junto al abrazo y añadió su corazón y energía sanadora, luego otra compañera, un compañero, otro y al final estábamos un grupo de compañeros y compañeras enlazados en un único abrazo amoroso con lágrimas de felicidad, esperanza y amor lavando nuestras almas, quitando antiguos bloqueos y daños recibidos. Me tumbé al suelo con mi cabeza encima de la pierna de mi pareja mientras el curso seguía. Mientras ella me acariciaba mi cabeza, me di cuenta que la transformación en mi había ya empezado, mi sanación había empezado en ese acto de amor incondicional.

Además de mi experiencia individual, la experiencia en pareja que hemos vivido ha sido quizás aún más intensa. El increíble amor que yo ya sentía hacia mi pareja antes del curso también creció, tanto en intensidad como en pureza. Hubo un momento durante un rito de sanación, que estábamos juntos en un acto de Entrega Total; un sentimiento de compasión y amor incondicional crecía en mi corazón continuamente. Ella viajaba sobre olas de placer y éxtasis con una cara de pura emoción que jamás había visto en mi vida antes. La visión de la Mujer de Mi Vida en tal estado me llenaba de felicidad y Amor hacía ella. Ella se entregaba a mí totalmente y yo, con los sentimientos de amor incondicional y compasión más fuertes que jamás he sentido, la protegía y la acompañaba en su viaje. En todo momento en el curso estuvimos muy unidos. Incluso cuando no estábamos físicamente juntos. Nuestros corazones viajaban juntos en este viaje amoroso y misterioso y nuestro amor de pareja, que al entrar en el curso ya era increíble, poderoso y puro, subió a niveles que yo sinceramente (a mis 50 años) no sabía que pudieran existir. Como dos pájaros benditos conseguimos volar aún más alto, juntos pero sin ataduras, cada uno con sus propias alas, unidos a través del amor incondicional.

En fin, realmente no hay palabras para explicar esto. Si decides realizar el curso, vuelve a leer este pequeño escrito después, y ya lo entenderás mejor; lo leerás no con la mente sino con el corazón.

Namasté
(Madrid)

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