Gustavo - Tantra y Amor Consciente

Estimado Hari Dass:

Mi naturaleza tímida hace que no sea demasiado propenso a hablar de mí mismo en público. Hoy hablaré desde un punto de vista bastante distinto al del resto de testimonios que se dieron en el curso. No porque no los comparta. Al contrario, en muchos de los testimonios veo reflejados experiencias maravillosas. Experiencias que nos llevan a entender nuestro lado masculino y femenino, a integrarlos y potenciarlos para aprender a disfrutar y sanar nuestra sexualidad.

Creo que aquellos que vamos con pareja estable al curso, sacrificamos una buena parte de la sorpresa que tiene el taller. Me refiero a la sorpresa de la pareja no escogida, no esperada. Sin embargo, no nos perdemos ni un ápice de la parte de los descubrimientos. De hecho, diría que se aprende mucho de los descubrimientos que se producen en el aprendizaje de las parejas. Yo, de hecho, además de aprender muchísimo de ti, siento que he recibido lecciones importantes del resto de las parejas que han ido al curso.

Volviendo al tema del punto sagrado, decir que fue una experiencia que me llegó como un regalo, como una sorpresa. Como ya te había comentado, gracias a tu guía en el nivel básico, y gracias a mi pareja, Sandra, la práctica en el tema del orgasmo sin eyaculación había dado bastantes frutos. Así era antes del curso de fin de año y, por ello, en la noche dedicada al punto sagrado masculino, nos dedicamos con mucha ilusión a esta práctica en concreto, más que a la forma de orgasmo con el lingham ya conocida.

Como nos indicaste, hicimos tres tandas. En la primera, sin molestias de ningún tipo, no encontré placer. Atisbos me llegaban por momentos, pero poco más. En la segunda tanda, obtuvimos prácticamente el mismo resultado. Fue así hasta el momento en que mi pareja dejó de centrarse en el punto sagrado, y empezó a combinarlo con el masaje del lingham. Las sensaciones, placenteras como siempre, no parecían ser distintas. Entonces, llegó mi sorpresa, eso que, como tú me comentaste posteriormente, se denomina orgasmo combinado. Sin sentir nada especial en el punto sagrado, llegó un orgasmo que, aunque se desarrolló como conocía, es decir, espasmos que recorren la espalda hacia la cabeza, que convierten la piel en hipersensible, que hacen vibrar el cuerpo al tiempo que la respiración hace que sientas el placer en oleadas, que notes como energía se amontona en la cabeza… Vino acompañado de la novedad de una prolongación del efecto, de las sensaciones. El orgasmo se multiplicó en tiempo hasta sobrepasar el minuto sin apenas darme cuenta.

Esta fue mi experiencia. Es un testimonio de sensaciones más que de aprendizaje interior. Dado que este último aspecto ha sido expresado ya en otros testimonios con gran elocuencia, espero que estas palabras animen a aquellos que buscan una forma de sentir con mayor plenitud la sexualidad masculina.

Un abrazo,
Gustavo (marzo 2010)

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