Anónimo - Tantra y Amor Consciente

Desde niño sentía que tener una relación con una mujer era una prueba del éxito personal. Era la constatación de un buen físico, de una personalidad fuerte, interesante, inteligente, popular…

La mujer que estaba contigo era un indicador de tu propia valía, un mero trofeo, un símbolo, barómetro de las capacidades personales. Una medalla que colgar al cuello mientras estás en el pódium público y que luego en privado te quitas y olvidas en un cajón.

Aquel curso me enseñó a la mujer en toda su plenitud, aprendí a mirar a los ojos. A sentir todo el respeto y la valía de cada persona. Cuando miras así, te sientes limpio. Ya no eres un ser egoísta, no hay falsedad, no hay segundas intenciones, el espíritu se serena y emana paz y sinceridad a raudales. Crees en ti. Ya no hay miedo que no te atrevas a afrontar.

Desde entonces vuelco mis energías en cultivar lo que realmente más me importa en la vida. Me ayudó a jerarquizar, con el alma limpia, mis prioridades y me abrió el corazón, para desde ahí relacionarme desde entonces con todas las personas que me rodean en mi ámbito familiar, profesional y afectivo. Aquel domingo, aquel ejercicio, fue el despertar de algo muy poderoso que ha trasformado mi vida y la forma de entender el mundo. Mis miedos y mis angustias, hasta entonces agazapadas, se me hicieron presentes como Shiva, dieron la cara, y esto me hizo ver el camino para salir de ellas. Como Daka me sentí sanador, respetuoso, responsable. Invadido de un fuerza suprema que venía de sujetar a la Shakti, del amor incondicional hacia ella, que sufría y se transformaba justo delante de mis ojos.

Toda aquella energía chocaba en mi corazón y con cada latido la energía se multiplicaba y la devolví, a través de mis manos, al cuerpo de ella. El proceso se repetía una y otra vez en una espiral de placer y bienestar. Las oleadas eran brutales. Vi aquella imagen, mi cuerpo era un pequeño barco en mitad del océano, poderosas olas me alimentaban con su fuerza y su bravura, a la vez que la sensación de paz interior llenaba cada poro de mi cuerpo, como si estuviera tumbado en un prado, sobre la hierba bajo un manto de estrellas.

Allí no había pasado, ni había futuro. Era un instante eterno.

Allí no eras víctima ni culpable.

El corazón se inflamaba en cada inspiración y se vaciaba en el otro con cada expiración.

Fue la primera vez que viví con plenitud el amor incondicional, la unión total con todo lo que existe. Así viví el despertar de Kundalini.

Para mi suerte también encontré el amor de pareja. El amor de una persona excepcional cuya mano, tendida hacía mí desde entonces, apoya mi caminar y pone luz allá donde reinaba la sombra.

Anónimo  (Taller “Sexualidad, Amor y Consciencia”, 13/9/2013 en Madrid)

After you have typed in some text, hit ENTER to start searching...